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Mi Testimonio

 

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Hace 21 años apareció en mi vida un curso de milagros. Todo empezó con una crisis de artritis reumatoide con dolores insoportables, que viví sintiéndome completamente impotente.Un día sin darme cuenta de la importancia del hecho, me rendí ante Dios reconociendo que me sentía perdida y le dije: Me doy, hazte cargo tú.

Unas semanas después acudí a una consulta y la esposa del doctor que era su asistente, me dijo al despedirnos:- Toña, aquí tienes el libro que “me encargaste”.

Me quedé sorprendida pues yo sabía que no había encargado ningún libro y que ella estaba confundida de persona. Más ver el nombre del libro cambié de opinión: “Un curso de Milagros”; La palabra “Milagros” entró en mí, recordándome que eso es lo que yo necesitaba y le había pedido a Dos semanas antes.Ella me dijo, cuando acepté el libro, que buscaba un grupo de estudio pues no era fácil comprenderlo sin un guía. Así lo hice pero no encontré a nadie que supiera siquiera al respecto de estas enseñanzas, por lo que empecé a leerlo por mi cuenta con gran dificultad de comprensión.

Intenté interesar a mi esposo pero él en ese momento, no lo atrapó el curso. Confieso que me sentí triste pues esperaba otra respuesta de él (después con el curso fui entendiendo que yo jugaba mucho el papel de víctima impotente).El curso me decía: Agradece lo que vives con tu prójimo pues en realidad él es tu salvador. Yo lo veía como, el que no se interesó, lo que para mí era muy importante.

A pesar de todos mis juicios continué leyendo el Curso de Milagros. La mayoría de las veces me quedaba sin entender realmente, en esas ocasiones cerraba el libro y lo ponía a un lado. Luego me llegaba un pensamiento: “Abre el libro”, yo mentalmente respondía: “¿Para qué si no entiendo nada?”; Sin embargo algo en mí me hacía volver a leer el párrafo no entendido y para mi sorpresa esta vez entendía.

Así pasaron 4 años y me dejé llevar por algo, más allá de mí y a la vez en mí, que fue produciendo cada vez más y más paz y alegría a pesar de que mi condición física no había mejorado más que en una pequeña parte. Mi atención dejó de estar en las dolencias físicas y cada vez más personas de mi entorno percibían que algo estaba pasando en mí aunque no supieran qué 8ni yo tampoco). En ese periodo, un día en un momento de luz le dije a mi esposo: “Yo no sé qué va a ser de este cuerpo mío, pero la que va aquí adentro ¡Ya la hizo!

En 1997, una prima mía pidió que le contara lo que yo había estado practicando con ese “libro azul” que ella veía en mi casa. Le dije brevemente que El Curso de Milagros enseña: Saber que sólo el amor es real y es nuestra herencia divina. Nos invita a renunciar al miedo como nuestro guía pues por real que no parezca es fabricado por nosotros e ilusorio. Le conté que había empezado a reconocer cuando tengo miedo, renunciar a él y elegir al amor para cambiar mi manera de pensar.

A los pocos días mi prima emprendió un viaje a Francia durante el que su hija menor, que se quedó aquí en México, tuvo un accidente en carretera y murió instantáneamente.Cuenta mi prima que el viaje de Francia a México lo vivió recordando lo que había hablado conmigo y que ella se la pasó todo el viaje diciendo: “Entrego mi dolor, quiero vivir esto desde el amor de Dios”. Cuando concluyeron los servicios fúnebres ella me pidió hacer un grupo para estudiar el Curso de Milagros, yo le respondí que sí, pero mi idea era leer juntos y que cada uno buscara en su interior la respuesta pues así es como yo lo había hecho por mi cuenta. Estaba segura que yo no podía enseñarles pero si podíamos intentar emprender juntos lo que Jesús nos comparte.

La primera clase de ese primer grupo, fue llena de sorpresas comenzando por mi esposo que quiso participar a pesar de que cuando yo lo quise involucrar 4 años tras en el curso, él me dijo que no le interesaba, con toda franqueza. Luego al llegar con la familia de mi prima me encontré con un grupo de alrededor de 15 personas. De inmediato el miedo se manifestó en mí: “¿Qué voy a hacer?, ¿Qué voy a contestar a sus preguntas?”, pero se me ocurrió exclamar:” ¡Espérate pronto pícale! Me urge.” Para mi sorpresa, a pesar de muchas preguntas, cuando iba a decir “no sé” de repente y con mucha paz me encontraba contestando. Al regresar a casa esa noche me dijo mi esposo: “¿De dónde sacaste o aprendiste lo que dijiste hoy?”. Yo le contesté que no sabía de donde me llegaron las respuestas, pero que yo misma sentía que estaba aprendiendo con los demás (cosa que me sigue sucediendo 19 años después).

En la actualidad, Julio del 2014, participo en 5 grupos de estudio de Un Curso de Milagros y todo el tiempo, siento la presencia de Jesús en cada uno de nosotros invitándonos a elegir la guía del espíritu santo para regresar al cielo, el estado mental de paz y dicha que es la voluntad de Dios para todos.

María Antonia Sosa

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